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Romanas, el peso de la tradición en la Sierra de Aracena

La historia de la artesanía en los pueblos de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche ha dado mucho de sí desde que sus primeros pobladores realizaban sus trabajos en piedra o hueso. Labores en cerámica, talla de madera, marroquinería o textil son algunas de las variedades que ofrece la artesanía de nuestra tierra, aunque hay una que tiene especial interés como nexo de unión entre las diferentes disciplinas existentes y la arraigada cultura del cerdo ibérico.

La forja del hierro es una expresión artística con grandes maestros en distintos puntos de la Sierra de Aracena. El arte de la fragua, el martillo sigue vivo con algunos talleres (cada vez menos) en los que se fabrican piezas en las que la mano del maestro y su imaginación son esenciales.



Cortegana es el epicentro de la fabricación de útiles para guarnicionería y, curiosamente, de un sistema de pesado único, que pervive en las zonas agrícolas y ganaderas de España: la romana. La romana es un método compuesto de una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo. El cuerpo que se ha de pesar se coloca en el extremo del brazo menor, y se equilibra con un pilón de peso constante que se hace correr sobre el brazo mayor. Ahí se encuentra trazada la escala del peso, que marca de forma fidedigna la masa de aquello que se coloque en el otro extremo.

Pese a la industrialización en la que está inmerso desde hace años el sector del cerdo ibérico, el pesado de los animales en el campo con una romana es una estampa que pervive en este mundillo.

Con la ayuda de unas cuerdas y una encina o alcornoque sobre el que mantener suspendida la romana, los cerdos siguen siendo pesados con el tradicional sistema de arrobas (1 arroba de peso equivale a 11,5 kg.).

La empresa Frenerías y Romanas López puede presumir de cinco generaciones ligadas a la forja y a la fabricación de romanas, estribos y bocados para el caballo. Según las referencias que manejan, la fragua familiar comenzó a modelar hierro alrededor de 1850, en Jabugo. Años después, es Antonio López quien mantiene vivo el negocio, heredado de su padre José López.

La fábrica de López ha conocido varios emplazamientos en Cortegana. En el que están ahora, en el centro del pueblo, llevan desde 1945. En las dos sedes corteganesas que han ocupado han vivido los cuantiosos cambios que se han dado en el proceso de fabricación de las romanas, uno de sus productos estrella, que han pasado de ser totalmente artesanales (con piezas hechas a mano, a base de limas y pulidores) a disfrutar del apoyo de maquinaria, que ha facilitado el proceso notablemente. Eso sí, los materiales siguen siendo los mismos e incluso se ha añadido alguno más, como el acero inoxidable, que garantiza que la vara en la que se mide el peso de la romana no se oxide y se pierda la visión de las muescas y los números.



La romana para el pesado del cerdo ibérico y el corcho

Pese a que hay gente que se sigue quedando sorprendida cuando ven estas piezas (y piensan que son piezas de museo), la realidad es bien distinta: la venta de romanas no ha decaído en absoluto. Ganaderos de Andalucía, Extremadura y de las dos Castillas, principalmente, siguen encargando este sistema de peso tradicional en el campo. También está extendida la denominada romana corchera, que se utiliza para el peso de los fardos de corcho en el campo, durante la recogida que se realiza en estos meses estivales.



La demanda de ambos productos, como en todo mercado, varía con las  temporadas del año: la primavera es tiempo de romanas corcheras mientras que el otoño está dedicado a las romana para el peso de ganado.

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