La importancia del conejo en la naturaleza
Dicen que Hispania significa ‘tierra de conejos’ y la verdad es que este lagomorfo (que no roedor) es uno de los organismos clave en la naturaleza ibérica. Lamentablemente, el estado del antaño abundante mamífero lleva años preocupando a los expertos. Y es que ciertas acciones incomprensibles han diezmado trágicamente sus poblaciones. Son numerosos los predadores que necesitan al conejo en la naturaleza para sobrevivir así que el desequilibrio ecológico que acarrea la pérdida de conejos es de suficiente peso como para tomar medidas en todas las direcciones necesarias.
A algunos les cuesta creer que un animal tan popular esté viviendo esta merma en sus poblaciones. Desde hace centenares de años viajeros que llegaban a nuestras tierras quedaban sorprendidos por la abundancia de conejos en la naturaleza (algunos hasta se referían al conejo como plaga), pero llegó el siglo XX y esto acarreó una serie de contratiempos. Con datos en la mano la población total de conejos de España se ha reducido un 60 por ciento desde la aparición de ciertas enfermedades (mixomatosis y hemorragia vírica).
La primera enfermedad que dañó las poblaciones de conejo fue la famosa mixomatosis, virus ideado por el hombre que acaba llevando a la muerte de un modo cruel a muchos de los conejos en la naturaleza infectados (todos hemos visto conejos desorientados por pérdida de visión debido a esta enfermedad). La hemorragia vírica es otra grave enfermedad también de altísima letalidad que vienen sufriendo los conejos a partir de la década de los 80, justo cuando parecían estar haciéndose resistentes a la mixomatosis. Se trata también de un virus altamente contagioso, en pocos días los ejemplares mueren, sangrando hasta por las fosas nasales.
Estas pérdidas poblacionales han alterado visiblemente las relaciones entre los seres vivos de la mayoría de nuestros ecosistemas. Por ejemplo, los animales que comían conejo en la naturaleza y ya no lo tienen a su disposición han de seguir comiendo, así que por urgente necesidad ante la falta de su alimento primario han afectado a las poblaciones de otras presas (antes secundarias) como los pequeños reptiles, los anfibios y algunas aves, que ahora son difíciles de ver, o que ya no se ven en las enormes cantidades que los mayores del lugar recuerdan.
Pero el hombre va más allá. El conejo en la naturaleza es, junto a la perdiz, la pieza de caza menor más típica en nuestro país, hay innumerables maneras de darles caza para luego llevarlos a la cazuela. Se dan casos de zonas donde se invierten enormes sumas de dinero para que prosperen las poblaciones de conejo… y en la finca de al lado se permite la caza y se da muerte a casi todos los reintroducidos en la zona vecina. Se deberían modificar los hábitos de caza, los conejos apenas tienen tregua para levantar cabeza.
Y no solo es que directamente se les cace, el exceso de población de ciervos y jabalíes en algunos lugares ha provocado el desplazamiento del conejo por competencia y porque estos ungulados pisotean la hierba. También podríamos mencionar la degradación de su hábitat (esta causa es aplicable para casi todos los seres vivos), que suele ser preferiblemente un mosaico de matorrales mediterráneos con cobertura arbórea y herbácea. Relacionado en cierto modo con esto último están los cambios en la agricultura, ahora más intensiva y competitiva dejando poco lugar a que puedan vivir animales como los conejos.
Es tal la importancia del conejo en la naturaleza que los fondos destinados a mejorar sus poblaciones (en zonas linceras mayoritariamente) son cada vez mayores. Al menos parece que la gente ya conoce el problema y empiezan a ser conscientes de que el conejo es elemental para el bienestar de nuestra naturaleza.
(Foto Pixamio/ Pixabay)

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