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Flores para celebrar la primavera y la Noche de San Juan en la Sierra de Aracena

Durante este mes de junio, varios pueblos de la Sierra de Aracena celebran sus fiestas en honor a San Juan Bautista. Cala, Corteconcepción, Linares de la Sierra, El Repilado, Cumbres Mayores, Los Marines, Almonaster, Fuenteheridos, Santa Ana y Encinasola vivirán unas jornadas festivas en torno al fin de semana del día 24, en la que sus vecinos y visitantes disfrutarán de comidas populares, bailes y tradiciones como las hogueras de San Juan. Pero la comarca serrana atesora entre sus tradiciones un ritual que también coincide con esta festividad, en el que la naturaleza juega un papel esencial.

Con el inicio de la primavera, los campos del Parque Natural se llenan de las populares flores de San Juan (Hypericum perforatum), ejemplares con pétalos amarillos que crecen en herbazales, junto a los caminos y en sitios soleados. Su nombre común en la Sierra viene no sólo por su época de floración (durante el mes de junio), sino porque es un ingrediente básico en muchas casas de la comarca durante la noche y la mañana de San Juan.

Toda la magia que envuelve a esta fecha tiene un sitio reservado para esta flor con historia. En la Edad Media, se quemaban en las casas en las que se creía que había entrado el demonio, hasta tal punto que era conocida como ‘espantademonios’.

Popularmente se dice que las flores de San Juan atraen el amor y curan la melancolía, algo que no es descabellado ya que es un reconocido antidepresivo natural.

Pero hay más. La cultura Celta afirmaba que las hadas malas, los duendes y los brujos no entrarían nunca en casas cuyas ventanas estuvieran protegidas por ramitos de las flores de San Juan. También se colgaban de los tejados para prevenir la caída de rayos e incendios, aunque, curiosamente, para que fuese efectiva, debía recolectarse en la noche de San Juan.

Sea verdad o no, el caso es que parte de esas creencias que atribuyen a las flores de San Juan espantar los malos espíritus y propiedades amorosas sigue vigente en la comarca de la Sierra. Los días previos a la festividad del Bautista, hombres y mujeres recorren los campos para recolectar estas flores, muy abundantes por todo el Parque.  Durante la noche de San Juan, las flores se depositan en un cubo con agua para cumplir con una ceremonia heredada de generación en generación. A la mañana siguiente, ese agua servirá para que toda la familia se lave la cara, como símbolo de regeneración.

Es difícil explicar el sentido de esta tradición que se pierde en el tiempo, aunque a buen seguro que tiene mucho que ver con sus presuntas propiedades mágicas, esenciales en la celebración de una noche purificadora en toda España como la Noche de San Juan.

 

Primavera y flores, alianza perfecta en la Sierra de Aracena

La mezcla de colores y aromas es una seña de identidad característica de todo el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. La diversidad de especies florales y arbustivas ha dado lugar a la concentración de centenares de tonalidades y olores, que se convierten en protagonistas de la primavera serrana e incluso de arraigados rituales.

A lo largo y ancho de todo el espacio protegido, la llegada de la primavera supone un cambio de traje para todo el campo. Las flores comienzan a inundarlo todo y el aroma embriagador de muchas especies se funde en el ambiente, permitiendo al turista disfrutar de instantes sacados del propio Paraíso.

Si uno da un paseo por las dehesas de la Sierra de Aracena encontrará un sinfín de tonalidades que se unen al verde tradicional de encinas y alcornoques. A sus pies, alfombras de margaritas blancas y amarillas se funden con las lavandas, cuyo violeta característico y su cautivador perfume nos trasladan a parajes idílicos.

Allí, una vez comienza la primavera, podemos disfrutar de la riqueza floral de la encina y el alcornoque. Ambas especies han desplegado ya sus características flores alargadas de tonos amarillentos, que se asemejan a los flecos de los mantones de manila. Su verde tradicional pasa a un segundo plano durante unas semanas con el inicio del ciclo vital que dará a luz las bellotas para el alimento del cerdo ibérico.

Pero no sólo la dehesa atesora colores y olores. Si hablamos de aromas no podemos dejar a un lado a especies tan serranas como el romero, el tomillo, el orégano, el poleo, el hinojo o la zarzaparrilla. Todas aportan su esencia característica al espacio del Parque Natural. Aunque si hay que destacar una planta que aúne fragancia y vistosidad floral, ésa es la jara pringosa. Su penetrante olor está tan impregnado en la Sierra como los tapices de flores blancas que conforman en sus territorios cada primavera. Otras especies de jaras, menos presentes en el Parque, son los populares ‘jaguarzos’, con menos porte, así como los brezos, todos ellos también con flores de porte inmaculado.

El ‘imperio de los sentidos’ del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche se ve reforzado por el amplio abanico de tonalidades que atesora su masa forestal y sus numerosas flores silvestres.

El monte mediterráneo de este espacio protegido se pone sus mejores galas cada primavera de la mano del rojo de tulipanes, gladiolos, amapolas, o los tonos ocres de las retamas, carquesas, aulagas o los tojos. Todo ello se funde con  los distintos matices de verde de quejigos, castaños y robledales, que conforman un pentagrama visual en las laderas de los montes. El contraste lo ponen los troncos desnudos de los alcornoques, con su rojizo característico, tras desprenderse de su corteza, el corcho.

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